Dos crímenes ocurridos el mismo domingo confirman que el sicariato y los ajustes de cuentas siguen en aumento en el país, con Santa Cruz como el escenario más golpeado.
El fin de semana dejó dos víctimas más de la violencia armada organizada: el pastor evangélico Edwin Mollo Villana, baleado mientras dirigía un culto en Shinahota (Trópico de Cochabamba), y el ciudadano brasileño Matheus S.A., atacado en la zona fronteriza con Brasil, en la ruta Cobija-El Porvenir, donde la Policía ya detuvo a cuatro personas. Con estos dos casos, la cifra de personas asesinadas bajo patrones de sicariato o ajuste de cuentas en lo que va del año llega a 20. Según el reporte de El Deber, Santa Cruz concentra 11 de esas víctimas —el 55% del total nacional—, seguido por el Trópico de Cochabamba con siete casos (35%), mientras Tarija y Pando registran una víctima cada uno. La escalada se relaciona con la reconfiguración del crimen organizado tras la captura y extradición del narcotraficante Sebastián Marset, detenido en marzo en Santa Cruz. El Gobierno respondió activando el “Plan Halcón”, con mayor despliegue policial en el departamento.
La mirada de AS Contenidos: Que Santa Cruz concentre más de la mitad de los homicidios por sicariato del país no es un dato menor, es una alarma. La caída de Marset debía significar un golpe al crimen organizado, pero en los hechos parece haber abierto una disputa por el territorio que antes controlaba, y esa disputa se cobra vidas en las calles cruceñas. El “Plan Halcón” es una respuesta necesaria, pero la ciudadanía necesita ver resultados concretos, no solo el anuncio de un operativo con nombre llamativo.

