El Fondo Monetario Internacional proyecta que la inflación boliviana se ubique alrededor del 20% durante 2026, una estimación superior al 14% contemplado en el Presupuesto General del Estado.
La diferencia entre ambas previsiones refleja la incertidumbre que todavía enfrenta la economía después de las variaciones cambiarias, los problemas de abastecimiento y el ajuste de los combustibles.
El Banco Central considera que reducir la cantidad de dinero en circulación contribuirá a contener la presión sobre los precios.
La inflación afecta directamente el poder adquisitivo de salarios y ahorros, especialmente en hogares que destinan una mayor proporción de sus ingresos a alimentos, transporte y servicios básicos.
El acuerdo de Bolivia con el FMI contempla un programa económico por 36 meses que busca recuperar reservas, estabilizar las finanzas públicas y facilitar nuevo financiamiento internacional.
El desafío será reducir la inflación sin provocar una caída pronunciada del consumo y de la actividad productiva.
La mirada de AS Contenidos
Una inflación cercana al 20% no es solamente una cifra macroeconómica: significa que el salario compra menos. La estabilización debe medirse por lo que ocurre en los mercados y supermercados, no únicamente por los indicadores financieros.

